Estamos acostumbrados a escuchar que ciertas personas desarrollan adicciones hacia el alcohol, las drogas, el cigarro, el juego, las compras, etc., pero ¿qué pasa con la comida?, ¿es posible que se convierta en una adicción cuando se trata de una necesidad básica del ser humano?, ¿qué puede convertirla en adictiva? Aquí te enseñaremos cómo superar la adicción a la comida:

Es difícil distinguir la adicción hacia la comida cuando hablamos de algo aceptado socialmente. Bien se dice que “a nadie se le niega el alimento” y tampoco se ve mal el acto de comer. También hay quien piensa que “comer bien” es sinónimo de salud y que una persona puede tener “buen diente”.

Un individuo que no cuenta con aquello que le resulta adictivo se siente mal y hará todo lo posible por conseguirlo. En el caso de la comida, es alguien que trata de controlar una y otra vez su relación obsesiva con la comida, y a pesar de breves períodos en que lo logra, retorna a la adicción.

La adicción a la comida es considerada un desorden alimenticio que está compuesto por tres fases:

Tolerancia a la sustancia: la persona tolera la comida (sustancia adictiva) muy diferente a las demás. Esto se hace notorio cuando tiene la capacidad de ingerir cantidades de alimentos mucho mayores que los demás, sin grandes molestias.

Manifestación de síntomas de la abstinencia: cuando la persona hace intentos por abstenerse  del azúcar, que es una de las sustancias más adictivas, experimenta: fatiga, irritabilidad, cambio de humor, insomnio, etc. Estos síntomas aparecen al cuarto día de haber  comenzado  una “dieta”, en donde es muy fácil recaer.

La ansiedad después de la abstinencia: incluso después de haber abandonado la sustancia adictiva, la persona puede seguir experimentando antojos psicológicos, aunque la angustia física haya desaparecido. Esas ansias son las que hacen que la persona recaiga, sobre todo si no cuenta con apoyo psicológico que le permita responder qué está evadiendo con su problema, qué papel juega la comida en su vida y cuál es el vacío que está intentando llenar.

Comer por compulsión refleja el grado de ansiedad y la incapacidad para superar la frustración y la presión del ritmo de vida. La comida alivia la presión y ayuda a enfrentar los problemas que agobian. Habrá quienes rechacen la idea y se sientan personas seguras, independientes y muy competentes, así como no aceptarán la idea de que el furor por comer guarda relación alguna con la presión.

En otras palabras, la persona se encuentra en un estado de negación del problema, lo cual es uno de los obstáculos más grandes para poder realizar cambios. Pero cuando “toca fondo”, ya sea por una inesperada enfermedad o porque simplemente llega un día en que se harta al mirarse en el espejo, entonces se dice que la persona es capaz de vivir el primer paso de su recuperación: reconocer que es impotente ante la comida y que su vida se ha vuelto ingobernable. También estará preparada para aceptar que no puede cambiar sin la ayuda de alguien por lo que es recomendable acercarse al los grupos de apoyo como Comedores Compulsivos Anónimos o de acudir a una terapia grupal dirigida por psicólogos especialistas en la materia.

Algo que es importante tomar en cuenta es que el desorden alimenticio reside en la relación de la persona con la comida y no en los kilos que pesa. La recuperación consiste en establecer una nueva relación con la comida y no en obsesionarse con los kilos que marca la báscula. Al desaparecer la seguridad que vincula a la persona con la comida se adquiere la apertura necesaria para fluir por la vida.

Más allá del esfuerzo y de la voluntad que se requiere para abandonar una adicción, es indispensable tener el gran valor para tomar la vida plenamente sin requerir de muletas como son las adicciones. Bien vale la pena optar por el camino que lleva hacia la libertad de uno mismo.

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